Síntesis del capítulo de: “Cómo abordar la construcción del rol, desde una mirada renovada” – Formación profesional docente (Martha Longueira Puente)

El pensamiento, base de todo aprendizaje

Diversas corrientes psicológicas y pedagógicas aceptan y sostienen en la actualidad que la inteligencia es, o debería ser un proceso de construcción. Sin embargo, muchas veces se cae en el error de considerar que una persona inteligente siempre piensa bien.

Reconocer que a pensar de aprende es el paso principal en la construcción del rol de un docente desde una mirada renovada. Es de suma importancia conocer el nivel de madurez o competencia cognitiva presentado por los alumnos a fin de que los maestros puedan acompañarlos en su aprendizaje. De esta manera podrán construir aprendizajes significativos por sí solos, es decir, podrán ser capaces de “aprender a aprender”.

En la actividad escolar podemos diferenciar dos formas de pensamiento:

a) Pensamiento reactivo: regulado por la memoria. Hace referencia a un pensamiento estático y mecánico. El alumno actúa de manera pasiva, a veces compulsiva y por lo tanto no puede significar lo que aprende. También se puede decir que es un pensamiento convergente, ya que es el pensamiento lógico, convencional, en el cual se intenta dar la respuesta “correcta” a preguntas estandarizadas que no requieren de creatividad. Este tipo de pensamiento es estimulado cuando el docente se ubica en el paradigma de la cabeza repleta, del aprendizaje mimético.

b) Pensamiento proyectivo: se pasa de un accionar pasivo y restrictivo a uno expansivo y creativo, donde se sale de las certezas y obviedades para aceptar la incertidumbre, única forma de enfrentar los desafíos que la realidad nos impone. Podemos definirla como una técnica para la resolución de problemas de manera creativa. También se puede decir que es un pensamiento divergente, ya que es un pensamiento transformativo, que busca generar nuevos aprendizajes, y propone distintos caminos o soluciones a un mismo problema. Este tipo de pensamiento es estimulado cuando el docente se ubica en el paradigma de la cabeza bien puesta.

Puesta en marcha de una cultura del pensamiento

A partir de lo expresado anteriormente, podemos hablar de la Cultura del pensamiento, donde se considera el pensar como una técnica y herramienta de un accionar inteligente; y en base a esto diferenciar seis dimensiones:

a) Lenguaje del pensamiento: está constituido por todas las palabras y modos de comunicación que posee una lengua natural para referirse a los procesos y productos del pensamiento. El modo en que este lenguaje es utilizado por los docentes y alumnos puede estimular un pensamiento de más alto nivel. El docente debe ser preciso cuando propone una actividad, y para eso es necesario ampliar el vocabulario. El uso adecuado del lenguaje del pensamiento ayuda a docentes y alumnos a comunicar con precisión y claridad su pensamiento, y esto favorece los buenos aprendizajes.

b) Predisposiciones al pensamiento: se ejercita cuando se estimula el pensamiento transformativo. Un docente que no impulsa a sus alumnos a pensar por sí mismos, y por el contrario favorece las respuestas mecánicas lleva a estos alumnos a un pensar limitado. En cambio, el docente que lleva a sus alumnos a indagar, buscar, explorar, investigar etc. abre puertas a esta predisposición al pensamiento.

c) Monitoreo mental: “pensar acerca del pensar”, es decir reflexionar acerca de los propios procesos de pensamiento, evaluarlos y tener un control de los mismos. El ejercicio de monitoreo mental es aconsejable en todas las situaciones del aula, antes de una actividad, durante y al finalizar la actividad.

d) Espíritu estratégico: estimula a que el sujeto genere sus propias estrategias para resolver situaciones problemáticas. Fomenta el aprendizaje autónomo.

e) Conocimiento de orden superior: conocimiento y dominio de los métodos propios de cada disciplina. La escuela, por lo general brinda información respecto a las diferentes disciplinas pero no acerca de cómo funcionan.

f) Transferencia: capacidad de relacionar conocimientos y estrategias entre distintas áreas de conocimiento. También hace referencia a trasladar la teoría a la práctica.

Una cultura del pensamiento debería estar presente en el quehacer de cada asignatura del plan de estudios y de toda propuesta de capacitación.

Estimulación de las inteligencias múltiples

Howard Gardner define a la inteligencia como la capacidad de:

* Resolver problemas cotidianos.

* Descubrir y generar nuevos problemas a ser resueltos.

* Crear productos y ofrecer servicios valorados dentro del propio ámbito cultural.

No hay una sola forma de ser inteligente sino que podemos caracterizar siete tipos, que conforman las llamadas “inteligencias múltiples”:

1. Inteligencia verbal lingüística: capacidad de pensar en palabras y de utilizar correctamente el lenguaje para expresar y comunicar ideas.

2. Inteligencia lógico matemática: capacidad de utilizar los números y de razonar adecuadamente utilizando el pensamiento lógico. Permite resolver problemas, calcular, medir, etc.

3. Inteligencia visual espacial: capacidad de pensar tridimensionalmente, percibir imágenes, recrearlas o transformarlas, etc.

4. Inteligencia corporal-cinestésica: capacidad para manipular objetos y expresarse a través del cuerpo.

5. Inteligencia musical rítmica: capacidad de expresarse mediante formas musicales. Sensibilidad ante la melodía, el ritmo, el tono y la armonía.

6. Inteligencia interpersonal: capacidad de entender e interactuar con los demás.

7. Inteligencia intrapersonal: capacidad de comprenderse mejor y trabajar con uno mismo para poder interpretar y orientar la propia vida.

Cada una de ellas se combina de manera diferente en cada sujeto, creando un perfil único e irrepetible.

Por lo general la escuela no se ocupa del tema de las inteligencias múltiples, pero si lo hacen los medios masivos de comunicación, y la educación no formal.

Trabajar en clase estimulando las inteligencias múltiples capacita al futuro docente para su implementación.

Hacia el desarrollo de un aprendizaje autónomo

Hans Aebli afirma: “aprendemos a aprender para convertirnos en aprendices autónomos. Quien ha aprendido a aprender no necesita ya de alguien que le guie en el aprendizaje. Se ha convertido en un aprendiz autónomo, capaz de aprender por sí mismo”.

Aprendiendo a aprender el sujeto resuelve las situaciones problemáticas que se le plantean.

Según Aebli los alumnos deben tener la capacidad por sí mismos, de establecer relaciones, comprender, plantear acciones y solucionar problemas, ejercitar actividades, manejar información mentalmente, y mantener la motivación para la actividad y el aprendizaje.

Por último debemos tener en cuenta que el docente también está involucrado como aprendiente, ya que cotidianamente tiene que aprender a aprender.

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